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Coppi o Bartali: ¿cuál es el mejor perfil de Valverde?

En el anterior Coppi o Bartali, a la hora de decidir quien había sido el mejor corredor de clásicas de adoquines, Boonen ha arrasado a Cancellara. Ahora, con la semana ardenera en el horizonte os pedimos vuestra opinión sobre Alejandro Valverde, para saber como os gusta más, cuando se centra en las carreras de tres semanas o cuando busca las victorias en las principales clásicas. Vota al final de la entrada y deja tu comentario al final de la entrada.


VALVERDE, CLASICOMANO

Dos días después de que se dispute la Lieja-Bastoña-Lieja de este año, cumplirá 37 años, una edad en la que la mayoría de las figuras están o bien retirados, o bien penando en labores secundarias al servicio de estrellas más jóvenes. No es el caso de Alejandro Valverde, El Bala, un caso prácticamente único en el ciclismo moderno, pues desde que deslumbró con su espectacular puesta en escena en la Vuelta’03, no ha parado de ganar, viviendo en este 2017 su tercera o cuarta juventud. Y con un mérito añadido: lo ha hecho en prácticamente todos los terrenos. Menos sobre adoquines, se ha impuesto casi en cualquier circunstancia, terreno, superficie y carrera. Lo dicho, un caso único.

Pero esta versatilidad ha generado un debate en torno a su figura sobre si debía haber priorizado su carrera como vueltómano o como clasicómano. Para él y para su entorno pareció estar claro desde el principio, priorizando las grandes vueltas. Algo que puede haberle privado de conseguir uno de los mejores palmarés en clásicas de la historia del ciclismo.

Siendo, como ya ha quedado dicho, un fantástico corredor en múltiples facetas del ciclismo, Valverde tiene, como todos, sus puntos débiles y sus puntos fuertes. Los primeros son los que le han lastrado en las grandes vueltas. Los segundos son los que le han permitido triunfar en carreras como Lieja, Flecha o San Sebastián aparte de haber estado a punto de conseguir victorias en Lombardia, Amstel o el Mundial, donde ostenta el agridulce récord de ser el ciclista con más medallas de la historia y que, sin embargo, ninguna sea de oro.

Mientras que en las grandes vueltas siempre se ha encontrado con rivales superiores a él (a pesar de conseguir buenos resultados de forma esporádica, Valverde siempre ha cedido tiempo en las grandes citas contrarreloj. De igual manera, siempre ha acabado teniendo al menos un día malo en la alta montaña y los eternos puertos de los Alpes no parecen su escenario favorito) en las clásicas básicamente han sido cuestiones tácticas, quizá su gran déficit como corredor todos estos años, las que le han privado de la victoria. Porque lo cierto es que cuando Alejandro ha llegado a meta con posibilidad de resolver rara vez le han podido birlar la victoria. Su explosividad y su punta de velocidad le permitieron en su día medirse con velocistas como Freire o Boonen y le han permitido cosechar innumerables victorias.

Así pues, si Valverde hubiese puesto el mismo interés en ganar San Remo o Amstel que ha puesto en conseguir un discreto podio en el Tour de Francia, por poner un ejemplo, estaríamos hablando de un palmarés entre los cinco o seis mejores de la historia de las clásicas. Incluso el Tour de Flandes, como en cierta ocasión comentó su compañero y paisano José Joaquín Rojas, podría haber estado a su alcance.

Enrolado en el peor equipo posible para desarrollar su carrera como clasicómano (nadie podrá discutir que la obsesión de la estructura Echávarri-Unzue con el Tour de Francia en detrimento de otras carreras ha sido un lastre para más de uno de sus corredores), Valverde ha vivido toda su carrera como un Sísifo moderno, empujando la piedra del Tour de Francia montaña arriba (casi literalmente) para ver cómo, a poco de la cima, ésta se le escurría y rodaba una y otra vez ladera abajo. Y mientras, entre arreón y arreón, nos dejaba pinceladas, pequeños esbozos de lo que podría haber sido si alguien le hubiese convencido de que esa no era su piedra.

SERGIO ESPADA


VALVERDE, VUELTOMANO

Siempre que gana, y en esta temporada no para de hacerlo, surge el debate de si Alejandro Valverde es un clasicómano desaprovechado o un campeón en potencia que no ha sabido materializar su clase en las grandes vueltas.

Yo creo que es más la segunda opción, y aunque ahora viene el Tríptico de las Ardenas con carreras en las que Valverde ya ha dejado su sello, comprobar su estado de forma y ver cómo puede lograr carreras de unos días o unas semanas, invita a pensar que puede con las carreras de tres semanas. Sobre todo con la Vuelta a España. Es cierto que ya ha ganado una (2009) y ha hecho podio en las otras dos, Tour (en 2015 quedando tercero) y Giro (también tercero el año pasado). Además de haber acabado  en cinco ediciones de la Vuelta entre los tres primeros.  Viendo su palmarés, no cabría duda de que hablamos de un gran vueltómano con un palmarés impresionante que empezó en 2003 y que a día de hoy parece no tener fecha de caducidad cercana. Afortunadamente.

Lo que juega “en contra” de Valverde  en si es un gran corredor de carreras de tres semanas o no, es también el gran número de victorias en otras pruebas y carreras propias de un clasicómano.Sin embargo en el “Valverde 2.0”, ese que hemos y estamos disfrutando en los últimos años, precisamente desde que regresó  de su sanción es uno que en su gran mayoría de carreras de tres semanas, ha trabajado para otros. En 2012 no se llevó la Vuelta porque Contador fue más fuerte que él. Tanto el murciano como Joaquim Rodríguez podrían haber ganado la ronda española de esa edición. En 2014, fue tercero y ahí trabajó ya para un Nairo Quintana que terminaría abandonando. Un año después volvió a ser tercero en el Tour mientras volvía a trabajar para Quintana. En 2016, en su primer Giro (siendo líder de Movistar) hizo tercero, y se volvió a partir el pecho por Quintana en el Tour y en la Vuelta que finalmente, se llevó el cafetero.

Si los resultados de Valverde en las grandes no son tan satisfactorios como muchos dicen, ¿qué pasaría si él fuese el líder indiscutible de la escuadra navarra? La capitanía compartida parece que les sienta bien a ambos, pero en los últimos años no hay que olvidar que es la segunda opción, casi siempre por detrás de Nairo Quintana. Si él fuese líder indiscutible, y superados ya esos despistes de la primera etapa en la que dejó de ganar alguna que otra Vuelta a España… el “Valverde 2.0” está en disposición de ganar  una vuelta de tres semanas.

En cuanto al Mundial y sus opciones, ya hablaremos…

SERGIO ANDRÉS


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