ESPERAR O NO ESPERAR

Típico es un partido de fútbol, más en los últimos minutos, ver a jugadores echados en el suelo “lesionados”. En orden a la deportividad, existe la costumbre de echar el balón fuera del terreno de juego para atender a ese futbolista “lesionado”. Es dominio público que esa conducta deportiva es aprovechada por algunos listos para simular lesiones para así conseguir que se juegue menos tiempo. Es de sobra conocido que tienden a lesionarse los futbolistas que en ese momento van ganando el partido.

Durante este Tour de Francia hemos visto episodios que bien pudieran asemejarse a esto. Mientras que las salidas de carretera sí que son algo evidente, más dudas ofrecen algunos cambios de bicicletas practicados en momentos claves de la carrera. El común denominador de ambos casos es que se ha acabado “parando” a esperar a quien ha padecido tales percances. Pero no en todos los casos.

Corremos riesgo de que, al igual que en el fútbol, una vez abierta esta puerta, aprovechen a entrar por ella casos en los que la supuesta avería mecánica no sea real. Y esto puede llegar a convertirse, si aumenta la proliferación, en que cada vez haya menos terreno para atacar. Y en que, en el momento en que un ciclista lo esté pasando mal, utilice esos ardides para evitar su  hundimiento. Ante eso, la solución más fácil es la de cerrar la puerta. La decisión de cerrar la puerta debe ser unánime. Además, debe ser conocida por el público, para que así sepamos a qué atenernos.

Quien esto escribe no recuerda en las décadas de los setenta, ochenta o noventa, comportamientos similares. Cree recordar que fue una moda absolutamente advenediza al ciclismo. Introducida por una persona que alcanzó gran poder en él, como fue Lance Armstrong. Secundada también por otro gran capo que fue Fabian Cancellara.

Un “fair play” importado de una cultura anglosajona, que hasta aquellos entonces no tenía mucha influencia en el conjunto del mundo ciclista, basado éste más en los países continentales europeos, sobre todo los del oeste.

Pero es que además, esas nuevas normas de esperar al caído, no siempre eran de aplicación. Y terminaban beneficiando, gran casualidad, casi siempre a los mismos. Vamos: que quienes las aplicaban resultaban ser a la vez juez y parte, con la enorme hipocresía que conllevaban.

El caso más grave durante este Tour de Francia ha fue lo sucedido en el ascenso al Mont du Chat. Chris Froome tiene problemas con su bicicleta y se queda rezagado. Aprovecha Fabio Aru inmediatamente para atacar. Un proceder absolutamente legítimo. Lo peor es que la mayoría de rivales atrapan a Aru pero no le dan relevos. Se intuye que hay una especie de recriminación a Aru por su acción. Posteriormente, Froome llega al grupo de favoritos  y embiste a Aru en una acción muy similar a la que le costó la expulsión al ciclista andaluz de Bahrain Javi Moreno en el pasado Giro de Italia…

Más vale cortar por lo sano. Que los ciclistas tomen conciencia de que estas modas, a la larga, no van a beneficiar a la credibilidad del ciclismo. Más bien al contrario. Y sobre todo, que los ciclistas tengan claro que no deben aceptar las normas impuestas porque también son parte y no jueces.

RAÚL ANSÓ ARROBARREN

@ranbarren

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