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Los puertos olvidados del Giro del Centenario

Como bien es sabido, esta es la edición centenaria de la carrera transalpina, y si una ronda es conocida por su alta montaña, esa es el Giro.

Y siendo un año tan especial, se esperaba que en el trazado se incluyeran muchos de los puertos que han entrado en su historia por las grandiosas jornadas que se han disputado por sus laderas. Sin embargo, esto no ha sido así, como explicamos en la editorial de nuestra última revista esto es muy difícil de conseguir, pero nos parece también importante destacar aquellos puertos que le habrían venido bien a la carrera, pues aunque si que se incluyen varios de los puertos clásicos, en casi ningún caso se hace de la forma “clásica”, empleando vertientes poco usadas o directamente ineditas, como con el Mortirolo.

Por ejemplo, en los primeros años los puertos más importantes fueron los de los Apeninos, subiendose en esta ocasión como puerto destacado el Blockhaus, mítico desde la victoria de Merckx en su cima (historia que puedes ver también en nuestro último número). Sin embargo, los puertos de la zona más clásicos quizás sean el triptico de Macerone, Rionero Sannitico y Roccaraso, siendo este la primera llegada en alto de la historia de la ronda italiana, el Terminillo y Abetone, que vieron las grandes batallas entre Coppi y Bartali.

Especialmente relevante en esta edición es la ausencia completa de puertos en los Alpes, únicamente con la subida a Oropa que encumbro a Pantani. Quizás la ausencia más llamativa es Sestriere, con la cabalgada épica de Coppi en 1949 o la megacronoescalada de 1992 de Indurain en el recuerdo. Pero si una zona es significativa en el Giro son los dolomitas, y es aquí donde la no presencia de algunos puertos es más importante, el Gavia y la Marmolada son los más destacados, con el recuerdo de la tempestad del 88 en el caso del primero y la eterna recta de Malga Ciapéla para el segundo. Además ambos se podrían haber incluido con cierta facilidad, pues se pasa por sus proximidades.

En definitiva, puertos que crearon la leyenda del Giro, que llevaron a los corredores al límite para ganar la carrera, y que es conveniente no olvidar en esta edición tan importante.

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