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Pedro Horrillo: "Ya que tenía que pasar, ¡qué bonito que fuera sobre una bicicleta"

Me chiamo Pedro fueron las palabras con las que Pedro Horrillo recibió a sus rescatadores en el barranco del Culmine di San Pietro. Le encontraron 80 metros más abajo de donde se había salido de la carretera en aquella etapa del Giro de Italia y, milagrosamente, estaba vivo. Hecho polvo y con lesiones que le acompañarán por siempre, pero vivo. Ahora le toca disfrutar de la vida, de su segunda vida, y nos confiesa que, a pesar de todo, si volviese a nacer sería ciclista otra vez. Amor por el ciclismo.

“Ya de tener que tener que pasar, lo más bonito que tenía para tener el accidente era sobre una bici”. Profesional desde 1998 a 2009. Tres temporadas en Vitalicio Seguros, dos en Italia con Mapei, dos en Bélgica con Quick Step y cinco en Holanda con Rabobank. Nueve de ellas arropando y cubriendo las espaldas de su amigo Oscar Freire. Ocho victorias, algunas muy importantes como la conseguida en la París-Niza y otras entrañables como la obtenida en casa en la desaparecida Euskal Bizikleta. Estos son los números, las cosas que se pueden sumar, de Pedro. Pero hay mucho más.

Nuestro protagonista fue uno de los pocos corredores de su época con estudios universitarios, de filosofía concretamente. De los primeros en animarse a contar sus experiencias, exitósamente además, en columnas periodísticas. Y también fue uno de los pioneros en nuestro país en acudir voluntariamente y, sobre todo, con ganas de hacerlo bien a la mítica París-Roubaix. Aupa, Pedro, un auténtico placer tenerte entre nosotros. ¿Qué tal va la vida?
Pedro Horrillo: Pues bien, no me quejo. Llevo una vida tranquila, trato de disfrutar lo máximo que puedo y, aunque llevo una vida casera, siempre tengo mi tiempo libre para hacer las cosas que tengo que hacer. Y para hacer deporte saco también todo el tiempo que puedo.

Te vi en Busturia la tremenda cicatriz de la pierna, ¿qué secuelas te quedan de la dantesca caída en Culmine di San Pietro?
PH: Bueno, las secuelas físicas no son muy evidentes porque yo físicamente, si voy vestido, parezco una persona normal y corriente. Pero todavía tengo un clavo en el fémur que, seguramente, se quedará ahí de por vida. Digo seguramente porque he consultado para quitármelo y los traumatólogos me recomiendan que, mientras no me de problemas, no me lo quite. Y luego tengo también otra placa en las cervicales, sujetando dos vértebras. Todo eso está ahí y aparentemente no causa problemas, pero puede ser que en futuro las cause. En cuanto a movilidad, más o menos, he recuperado bien pero no toda la que tenía antes. Yo considero que estoy aun en fase de rehabilitación aunque el alta en el hospital me lo dieron hace ya mucho tiempo. No he dejado el deporte y ahora encima varío y hago de todo tipo. Cada cierto tiempo me hacen una prueba para ver la fuerza en la pierna y todavía tengo una descompensación del 60%. La pierna mala digamos que está al 40% de la buena. Y la pierna buena es una muy buena referencia también ya que la pierna mala, con respecto a una persona normal, está bien pero lo que pasa es que la exigencia conmigo es mayor al haber sido deportista. Y bueno, lo típico, cuando hay cambios de tiempo soy como un abuelete jeje. Lo sufro todo y ciertas actividades, con las que antes me atrevía, ahora no me atrevo a hacerlas o simplemente las evito para no tener problemas.

Cuando piensas o ves lo que te pasó, y te ves vivo, ¿qué es lo que se te pasa por la cabeza?
PH: No me gusta darle muchas vueltas y, como para estas cosas, la memoria es la gran aliada que hace que todo lo malo se olvide y te quedes con los recuerdos buenos pues no le doy muchas vueltas. Alguna vez sí , como cuando en el Giro fue el accidente de Weylandt. Lo sufrí mucho personalmente porque me hizo recordar lo que me había pasado y lo que me podía haber pasado como consecuencia de aquello. Pero como digo no me gusta darle muchas vueltas, prefiero ver lo positivo y, aunque estuve cerca de irme al otro barrio, me quedé aquí. Tengo una segunda oportunidad y tengo que disfrutar de la vida lo máximo que pueda.

¿Hubo algún tipo de intervención divina o uno no cree en esas cosas?
PH: ¿Cómo te diría yo? Nunca he sido muy religioso ni creyente, y una cosa que siempre había pensado es que si Dios existía me diese una prueba de ello, y a partir de ahí… Digamos que antes era un agnóstico optimista, estaba abierto si veía alguna prueba de su existencia y no tenía ningún problema en creer en él. Entonces, desde ese punto de vista, después del accidente le he dado mucha vueltas a lo que pasó y he visto que ese día se juntaron muchos factores, porque una vez ya metidos en la mala suerte que fue el accidente, gracias a esa confluencia de factores no solo es que esté vivo, sino que además estoy bien. Porque podría estar vivo pero en una silla de ruedas, ya que tuve un montón de lesiones en la columna y ninguna me afectó a la médula espinal. Antes no era creyente y ahora tampoco lo soy, pero a raíz del accidente se me empezaron a generar ciertas dudas y bueno, igual estoy ahora en un proceso y no sé más adelante como pensaré. A día de hoy lo que sí me he dado cuenta, y cada vez estoy más convencido de ello, es que las casualidades no existen. Entonces llámalo Dios o llámalo como quieras… Las religiones son un invento humano, pero la existencia de Dios no lo es. Y al ver como surgieron las cosas en mi caso y al ver la cantidad de factores que se dieron, pues lo cierto es que todo fue mejor de lo esperado cuando el pronóstico inicial era muy pesimista. ¿Si existe Dios o no existe Dios? No lo sé, pero la duda la tengo ahí.sé más adelante como pensaré.

¿Sigue vinculado al mundo de la bicicleta Pedro Horrillo?
PH: Sigo vinculado y a la vez estoy desligado, pero a la vez mantengo un punto de contacto. Por ejemplo, salgo mucho a andar en bici y con los profesionales de mi zona. Por una parte me viene bien porque físicamente la exigencia que tengo entrenando con ellos es muy alta, y mentalmente también porque no es una ruptura con mi anterior vida. Continúo, digamos que no día a día, pero sigo teniendo un contacto habitual con ellos a la hora de salir en bici, de hablar con ellos… y eso me sirve también de contacto con el mundo profesional. Luego, a nivel laboral, antes del accidente ya llevaba tiempo colaborando con El País y continúo con ellos. Y con Rabobank colaboré en algunas carreras como relaciones públicas el año pasado. Este año no he estado con ellos, pero si que he estado en el Tour de Francia con El País.

¿Da morriña el ver carreras o encontrarte con antiguos compañeros?
PH: Al principio sí. Mi primer contacto con la competición después del accidente fue el Tour de California el año pasado. Bueno, contacto real porque estando en el hospital ya estuve viendo desde la cama Suiza y Dauphiné, y luego también seguí la Vuelta a España. Y en California, estando en la carrera con su dinámica y formando parte del equipo día a día, si que pasé algún que otro momento malo en el que se te hace duro ver que ya no formas parte de ese mundo, que estás ahí pero… La semana previa entrenaba con los corredores, pero claro, al llegar el día de la carrera ellos se van con la bici y tú te montas en el coche. Entonces sí que hay momentos en los que sientes esa morriña, pero también hay otros momentos, cuando son etapas duras o de mal tiempo, estás en casa y te dices “hoy no tengo ninguna obligación” jeje.Creo que es un proceso lógico cuando lo dejas después de bastantes años. Y cuando lo dejas por decisión propia digamos que ya te has ido preparando, pero cuando lo dejas de una manera traumática como es mi caso… Yo en toda la fase de rehabilitación, que fue larga, sí que estuve soñando y estuve intentando volver a la competición. Si decidí no continuar fue porque los médicos decían que teniendo en cuenta mi estado físico era una locura, y sobre todo me decían que pensase en el futuro, que no me dejase llevar tanto por el impulso de querer seguir corriendo y que pensase que mi cuerpo no era apto para ello. Al final, y después de lo que había pasado, era conveniente saber escuchar a los profesionales de la materia y si ellos me decían eso pues tenía que confiar
en ellos.

Oye, ¿y por qué el ciclismo?, ¿cuándo y cómo nace tu pasión por este deporte?
PH: Pues es que siempre me ha gustado hacer deporte y los he practicado de todo tipo. Y desde pequeño, como a muchos niños, me enganchó la bici. También me engancharon otros deportes, porque yo jugaba al futbol y a raíz de que sufrí una lesión en la rodilla, una fractura de menisco, tuve una operación y para recuperarme el médico me recomendó hacer bicicleta. Desde pequeño ya había andado en bici y un año incluso había competido, pero luego lo dejé. Y por aquella recomendación médica empecé a andar más de lo habitual, a engancharme, a juntarme con un grupo de amigos que también andaban y competía, me apunté con ellos y empecé a competir. En cadetes de 2º año corrí 3 ó 4 carreras, y a partir de juveniles es ya cuando empecé a hacerlo con cierta regularidad. Me enganchó , disfrutaba cada vez que salía y así ha sido toda la vida.

Ahora es un poco más frecuente, pero antes se podría decir que eras un “bicho” raro al tener carrera universitaria. ¿Tenías claro que también había que cultivar la mente?
PH: Sí. Por fortuna o por las circunstancias yo creo que cada vez hay más gente titulada en el ciclismo y viene mejor preparada. Cuando yo era chaval era diferente porque las salidas laborales que había sin tener estudios eran más amplias de las que hay ahora. La gente a la que le gustaba la bici y destacaba en el ciclismo tenía el sueño de ser profesional y, cuando hacías BUP, COU y empezabas la universidad, era una edad en la que en el ciclismo estás en el momento de llegar a dar el paso definitivo y poder aspirar a ser profesional. Por lo que es normal que al que le iban las cosas bien decidiese poner toda su energía en el ciclismo. En mi caso yo estaba estudiando pero lo tenía claro. Por una parte estudiaba porque me apetecía, disfrutaba mucho estudiando y en el ambiente universitario me sentía muy cómodo. No quería terminar con aquello y trataba de compaginarlo con la bicicleta. A mí así me iba bien la vida y yo quería continuar con la carrera hasta que la terminase. Para ello tuve que conseguir una beca de residencia porque con los traslados a la facultad se me hacía muy difícil sacar, sobre todo en invierno, horas para entrenar. Al conseguirla me fui a Donosti, y de hecho, cuando dejé los estudios en 4º era porque estaba ya ahí, a las puertas de pasar a profesional y el nivel de exigencia en cuanto a los entrenamientos se incrementó. Entonces hice una apuesta por un año, si me salía bien y pasaba a profesional ya pensaríamos en los estudios más adelante, y si me salía mal pues volvía con ellos. Me salió bien la jugada y continué con la bici. Luego me matriculé en la UNEF para terminar 4º y el último curso, estuve dos o tres años, terminé 4º, pase a 5º, me quedaron 3 asignaturas y no lo he acabado. Es de estas cosas que dices “en un futuro ya se planteará la oportunidad”, pero la vida va por otros derroteros, lo vas dejando y dejando y ahí se ha quedado. La verdad es que podría ponerme en cualquier momento y en un empujón terminar la carrera. El problema es que en una carrera como la que yo hacía, filosofía, tienes que ir subido en el tren y yo me bajé hace ya mucho tiempo. Ahora tendría que correr mucho para poder volver a montarme, y luego una vez ya allí tocaría sacar las asignaturas que me quedan. Pero como digo, primero tendría que ponerme al día de todo.

También eras “raro” porque te gustaban las carreras como la París-Roubaix…
PH: A mí, igual por lo exótico, era una de las carreras que me llamaban la atención desde crío. Estaban la Euskal Bizikleta, que era la carrera de casa, la Vuelta al País Vasco también y la Vuelta a España que la veías por la tele como el Tour, pero es que cuando veía Roubaix o Flandes, carreras que me apasionaban y que aquí no tenían ningún seguimiento… Astarloa y yo, que éramos amigos de la infancia, estábamos muy enganchados a estas pruebas y buscábamos información. A veces, nos íbamos al monte, aprovechábamos el viaje y en Francia comprábamos revistas de ciclismo, y aunque no entendíamos lo que ponía con ver las fotos nos contentábamos jeje. Nos enganchamos cada vez más, sobre todo de Roubaix, y ya desde amateur para mí un sueño era poder correr algún día esas carreras.

Y ese sueño se cumplió, la corriste y la acabaste…
PH: Sí, el primer año ya corrí Roubaix y la terminé jeje. Para mí aquello era una aventura y quería hacerla entera porque el hecho de retirarte era como dejar la aventura inconclusa. Flandes la corrí en mi segundo año como profesional y más de lo mismo. Tuve la suerte de estar en un equipo grande, que disputaba la Copa del Mundo y los primeros años corrí casi todas las clásicas. Yo era siempre un voluntario jeje, y quitando Lombardía que nunca la he corrido, he estado en todas las demás carreras de la antigua Copa del Mundo.

Salvando las distancias, unos amigos están luchando por sacar adelante el Gran Premio Canal de Castilla, del que me consta que has oído hablar y que transcurre por sirgas, caminos empedrados, cotas… ¿Qué te parece este bonito proyecto?, ¿lo ves viable?
PH: Sí, el otro día en la etapa de la Vuelta a España en Bilbao estuve con los organizadores. Me parece un proyecto muy bonito. ¿Viable? Es que el problema para ser una carrera profesional es que hay que dar muchos pasos, pero en cuanto a recorrido me parece algo muy bonito. Tenemos un bien cultural ahí, que es el Canal de Castilla, que está abandonado y se le puede sacar rendimiento en cosas como estas. Luego, plantear una carrera que sea amateur o profesional pues no es una locura, son cosas que se hacen en la Roubaix o el Tro Bo Léon, en Italia también están metiendo el “Sterrato”…. No es ninguna locura, es simplemente llevar el material adecuado para correrlo. Para el participante me parece que es un reto o una forma de hacer algo muy parecido a lo que hacen habitualmente, pero totalmente diferente, y a mí me parece un proyecto muy bonito e ilusionante. Espero que consigan darle salida y den un salto hacia adelante.

¿Entonces consideras necesario que haya una prueba como esta en nuestro calendario?
PH: Hombre, más que necesario me parece que es bonito porque diversifica un poco más la oferta. El ciclismo en España siempre ha estado ligado a las vueltas y los organizadores, cuando se planteaban hacer una carrera, decidían hacer una vuelta. Cuando muchas veces con mucho menos presupuesto puedes hacer una clásica de un día que puede ser mucho más interesante. Pero este tipo de carreras siempre han estado un poco dejadas y, quitando la Clásica de San Sebastián, nunca ha habido carreras de un día potentes. Ha habido carreras pero han sido pruebas menores, y que se cambie esa mentalidad, que se diversifique la oferta y que haya una prueba de este tipo sería, hablando a nivel cicloturista, algo totalmente nuevo y que me parece fenomenal. Hay cierto tipo de deportistas a los que les apetece plantearse nuevos retos a nivel personal, y lo bueno es que haya gente competente que lo organice y que pongan el reto delante de los potenciales participantes.

Igual te pongo en un compromiso jeje, ¿pero te animas a hacerla el año que viene?
PH: Depende de temas personales jeje, de poder o no poder. Yo en el caso de poder estaría encantado de asistir.

Volvamos a la filosofía, ¿crees que te ayudó de alguna manera a ser mejor ciclista, a aguantar mejor el sufrimiento…?
PH: Sí, pero no solo la filosofía sino cualquier tipo de formación intelectual. Como se suele decir, el saber no ocupa lugar. Cuantas más cosas tengas en tu cabeza tienes más elementos de juicio a la hora de valorar cualquier cosa, tanto los momentos buenos, como los malos, como las situaciones de estrés o presión… En el ciclismo se dan situaciones de este tipo y la verdad que a mí me ha ayudado. Luego también el hecho de tener un plan By decir “si me va mal en la bici pues ya me dedicaré a otra cosa”. En ese sentido también ayuda porque yo tenía mis estudios y en mi mundo universitario tenía mi grupo de amigos, mi ambiente y mi ámbito esperándome, por lo que yo sabía que, si el ciclismo me iba mal y tenía que dar marcha atrás, podía volver a mi anterior vida. No era cortar y empezar de cero, y a mí eso en esos momentos me ayudó. Luego, una vez que pasé a profesional ya te digo, con circunstancias que te vas encontrando en el ciclismo, donde por cada momento bueno tienes 10 malos, y lo importante es saber superar esos malos y no venirte abajo psicológicamente, sí que me ayudó. Yo siempre he sido una persona bastante optimista y he tratado de mirar hacia delante, pero teniendo una formación siempre tienes la posibilidad de dedicarte a otra cosa.

Siendo filósofo tendrás que darme una buena respuesta jeje… ¿El ciclista nace o se hace Pedro?
PH: Mira, el buen ciclista, en el sentido del gran campeón, nace porque la base genética es muy importante y es imposible que se haga sin ella. Ahora, el ciclista “normal” yo creo que se hace porque es una cuestión de cabeza y de fuerza mental. Es que para ser ciclista la cualidad más importante es la fuerza mental, ser capaz de ser constante en el trabajo, de entrenar a diario, de no venirte abajo, de esperar los buenos momentos y de caerte y de levantarte, y eso se hace. La diferencia entre el ciclista normal y el crack es la base genética, si la herencia que tienes de tus padres no es buena llegarás a un punto, pero ahí está el límite, y si esa herencia es buena el límite está mucho más arriba. Pero yo creo que ciclista normal si que se puede ser a base de constancia, cabezonería y trabajo, aunque para ganar un Tour de Francia se necesita algo más, digamos que ser uno de los elegidos.

Más de uno te admirábamos por dos cosas, por tu trayectoria ciclista y por tu forma de escribir. ¿Cómo nació esta última afición?
PH: Pues un poco por casualidad y gracias a una propuesta de Carlos Arribas. Estudiando filosofía llega un momento en el que, más que estudiar, lo que haces es coger ciertos temas y hacer ensayos sobre ellos, y un elemento imprescindible para ello es la escritura, por lo que estaba bastante acostumbrado a escribir. Escribía cosas académicas pero también cartas a mis amigos y para mí era ya un hábito. Entonces un día cuando pasé a profesional, Mínguez le comentó a Carlos Arribas, periodista de El País, que tenía un joven corredor que era estudiante de filosofía. A Carlos le llamó la atención la circunstancia y vino a hablar conmigo, se presentó , me saludó, surgió lo de que yo escribía y me dijo: ¿ya estarías dispuesto a escribir para nosotros?. Yo le contesté a lo gallego jeje: ¿ya estaríais vosotros dispuestos a publicarme a mí?”.

Me respondió: “podemos probar, si a lo largo de la temporada hay algo que te apetezca destacar, lo escribes, nos lo mandas y lo hablamos”. Al terminar la Tirreno Adriático le escribí una carta y aquella fue la primera que me publicaron, les gustó el estilo. Mi única condición fue que no me tocaran nada de lo que yo había escrito y que, si no les gustaba, no tenía ningún problema en que no lo publicasen. Empecé así y en adelante fuimos colaborando cada vez más. Después, cuando hubo un par de años en los que no había espacio para colaborar en El País, tuve una oferta de El Mundo Deportivo y estuve trabajando para ellos un par de años. Luego volví otra vez con El País y hasta el día de hoy.

¿Cuál es el estado en el que consideras que se encuentra nuestro deporte en esta época?
PH: Creo que llevamos ya bastantes años en un proceso descendente. Yo pasé a profesional en el 98 y estuve hasta el 2009, y digamos que mis primeros años fueron unos momentos en los que el ciclismo estaba en un punto bastante alto con respecto a lo que hay ahora. A partir del 2003 ó 2004 empezó a ir en línea descendente y cada año, por diversas circunstancias, el mundillo está un poco peor. ¿A día de hoy cómo lo veo? Pues prefiero ser optimista, ver las cosas de forma positiva y pensar que está mejorando. Hombre, está claro que la salud del ciclismo no es la mejor ya que hay muchas guerras internas y muchos problemas. Por ejemplo, la UCI que yo conocí en mi primera etapa profesional era lo que debería haber sido siempre, la que legislaba, pero entró en guerras con los organizadores y para mí ha tratado de coger demasiado peso en el mundo del ciclismo. En algunos temas me parece un despropósito como están jugando con los equipos.

Eso, ahora los corredores son “puntos”, ya que se les ficha y cobran respecto a los que tengan. ¿Cómo ves este atípico sistema que está conllevando fichajes de lo más exóticos?
PH: Si para mí, que estoy relativamente cercano al ciclismo, se me hace difícil de extender, imagínate para un aficionado cualquiera… Tiene que decir el pobre hombre: ¿qué es esto?

Vayamos a tu trayectoria, ¿en qué punto decides apostarlo todo para llegar a ser profesional?
PH: Pues mira, eso fue en mi cuarto año como amateur. Hice 5 años y fue en el 4º. El tercer año fue muy malo, sobre todo por las recaídas que tuve, y estuve pensando en dejarlo. De hecho, cuando acabó la temporada, había tenido un año tan malo en lo ciclista que necesitaba un válvula de escape. Me marché a Londres, no es que dejase los estudios porque estaba matriculado, pero dejé de ir a clase y me olvidé de la bici. Me fui allí, encontré trabajo y mi idea era tomarme un año sabático y quedarme. Me integré a la vida de allí, que era la vida de un chaval joven que va de buscavidas y trabajaba en un pizzería de cocinero, tenía mi grupo de amigos, una casa alquilada… Mi idea era dejar los estudios y dejar el ciclismo, y cuando volviese retomar ambas cosas sabiendo que para el ciclismo ya seguramente sería la última oportunidad, porque ya con esa edad se me estaba complicando el paso a profesionales. En ese momento tuve una llamada de Sabino Angoitia, que era mi director en Baqué, en la que me decía que contaba conmigo en el equipo para el año siguiente. Yo no estaba muy convencido pero, por no traicionar a Sabino ya que contaba conmigo para el equipo, en Navidad volví a casa. Digamos que ese fue el año en el que hice la apuesta definitiva, empecé a centrarme en el ciclismo y a ceder más tiempo al ciclismo que a los estudios, porque hasta entonces siempre había sido al contrario y el tiempo de entrenamiento era el que me quedaba libre de los estudios, y a partir de ese año el tiempo de estudio era el que me quedaba libre de la bici.Y bueno, los resultados llegaron, empecé a andar bien ese año y luego ya Mínguez se fijó en mí y contó conmigo para el proyecto que tenía con Vitalicio. Hice un año más de aficionado, pero sabiendo ya prácticamente que tenía asegurado el pase a profesionales el año siguiente.

¿Cómo recuerdas el día de tu debut en la élite?
PH: Fue un sueño hecho realidad y tengo recuerdos muy bonitos de esa época. Por una parte estaba en un equipo grande, con gente de reconocido prestigio como era Mínguez al mando y luego con un montón de amigos del campo amateur que también habían pasado a profesionales. Estaban Freire, Mercado, Manchón y Curro García, que fuimos el grupo que pasamos juntos y claro, eran momentos muy bonitos. Para nosotros todo era nuevo, éramosunos críos y disfrutábamos de cada experiencia, nos íbamos de concentración y era un viaje a la aventura… cuando para los veteranos era una concentración más y estar otra vez una semana o diez días fuera de casa, un coñazo y tal, para nosotros era todo una gran aventura. Yo recuerdo con mucha ilusión esa época.

Poco a poco las cosas iban funcionado y en el año 2000 consigues tu primera victoria al ganar la 9ª etapa de la Volta a Portugal.
PH: Sí, era mi tercer año como profesional, mi primera victoria y fue como una especie de confirmación porque mi primer año fue un poco de aprendizaje, en el equipo enfocaron mi trabajo hacia otros corredores, y en el 2º año me empezaron a dar ciertas oportunidades y ya tenía libertad de movimientos para meterme en escapadas, para probar en algún sprint… pero me faltaba “algo” más. Hubo un día ese tercer año, en el GP Mitsubishi, en el que íbamos tirando en el sprint para Smetanine. Cerca de meta, a 2 kilómetros, había un repecho duro, detrás venía Pruden Indurain y me dice “dale, dale”. Miré para atrás y me lo vuelve a repetir, yo pensaba que lo que quería es que apretase, pero lo que realmente quería es que me fuese para adelante. Él hizo el corte, me marché, me marché y de repente a un kilómetro y medio de meta me vi solo y que iba a ganar la carrera, así que continué y continué… La parte de arriba del repecho era dura y cada vez se endurecía más, fui a cambiar de plato grande a plato pequeño, pero se me salió la cadena y me quedé parado. Yo estoy convencido de que hubiese ganado esa etapa, y la hubiese ganado casi sin darme cuenta porque yo estaba haciendo un trabajo para un compañero y de repente otro compañero hizo el corte y me dio la oportunidad de poder ganar. A partir de aquel día en el equipo me trataron de inculcar la mentalidad de ganador. Luego llegó la Vuelta a Portugal, estaba andando bien y lo intenté de varias maneras. Hubo un día que ataqué en un sprint y me cogieron a 100 metros de meta, pero mantuve la oportunidad de ganar hasta el final. Al día siguiente cambié de táctica y en vez de anticiparme al sprint, esperé, esprinté e hice 3º. Y Mínguez me dijo “estás andando bien pero ya no te quedan oportunidades de ganar, ya se te han ido todas”…. Así que al día siguiente volví a cambiar de táctica en una etapa de media montaña con un final en subida. Me metí en la escapada y fue el día que me salió bien, era una etapa de mucho calor y muy larga. Yo estaba convencido de que si cogía la escapada iba a ganar, me sentía bien y estaba con mucha confianza en mí mismo. Me salieron las cosas bien y gané la etapa. Fue, como decía antes, un poco la confirmación de que podía ser profesional. Estaba ya en mi tercer año, había pasado esa fase de aprendizaje, ya llegaba el momento de empezar a tener resultados y llegaron. Gracias a eso, cuando desapareció Vitalicio tuve una oferta de Mapei, me fui allí y luego ya cambié un poco mi misión como corredor.

¿Qué significó para ti fichar por semejante equipazo?
PH: Fue otro sueño hecho realidad. Cuando pasé a profesional y veía a los corredores del Mapei, encima yo que era un enamorado de las clásicas, alucinaba. Si me hubieran dicho entonces que 3 años después iba a ser parte de ese equipo no me lo hubiese creído. Aterrizar allí en ese equipo, ir a la primera concentración y estar al lado de Tafi, Ballerini, Bartoli, Bettini… parecía que estaba viviendo un sueño. Además tenía la suerte de contar con Freire, que llevaba un año en el equipo, y él fue el que me introdujo a nivel personal con los demás compañeros. la verdad que fue una época muy bonita aquella de Mapei.

De todos ellos que comentabas, ¿quién fue quien más te impresionó?
PH: Pues quizás con el que más relación personal hice fue con Tafi, por afinidades personales sin más. Y quien más me impresionó fue Ballerini, coincidí con él en su último año y me impresionó por su fortaleza física y por su forma de ser. Era un corredor muy humilde, al que le gustaba mucho y se le veía muy cómodo en la labor de educar a los jóvenes. Era un corredor que tenía muchos detalles bonitos con nosotros y en los pocos meses que coincidí con él, porque se retiró tras la Roubaix, son recuerdos muy bonitos los que tengo. Luego ya hice una amistad con él y, posteriormente, solíamos coincidir de vez en cuando y la mantuvimos

Y muy mal no lo harías cuando al desaparecer Mapei apuesta por ti otro pedazo equipo como Quick Step…
PH: Sí. Cuando desapareció Mapei una parte de la estructura se fusionó con Domo y Crespi se llevó otro grupo de corredores a Quick Step, estaba interesado en contar conmigo, me hizo una oferta buena y me fui con ellos.

En 2005 Freire te vuelve a reclutar, en esta ocasión para Rabobank. De 12 temporadas en 9 estuviste a su lado, ¿destinos paralelos?
PH: Sí, esos 2 años que estuve en Quick Step fueron los 2 únicos años en los que no estuvimos juntos… ¡Ah! y es verdad, otro cuando él se fue a Mapei y yo seguí en Vitalicio. Freire, cuando Mapei desapareció, estuvo negociando con varios equipos y quería que yo siguiese con él. Una posibilidad que se barajó en su día fue el CSC de Rjis, estuvo a punto de cerrar el contrato con ellos y en aquel contrato estaba yo también incluido, pero por circunstancias esa negociación que parecía ir bien encaminada y a punto de cerrarse se rompió. Oscar, sabiendo que yo tenía la oferta de Quick Step, me dijo “Mira Pedro, si tienes esa oferta y quieres cogerla, cógela porque de momento a día de hoy, esa oferta con la que estábamos en la cabeza pues se ha terminado”, entonces cerré el contrato con los belgas y posteriormente le salió a él la oferta de Rabobank. En esos años me siguió diciendo que le gustaría contar conmigo en el equipo y cuando acabé mi contrato hablé con Rabobank, ellos también estaban interesados en que fuera y el acuerdo fue un poco mutuo. Allí hice ya el resto de los años de mi carrera profesional.

¿Cómo era estar y trabajar con Oscar, con el tricampeón mundial?
PH: Estar y trabajar con Oscar es muy sencillo, porque es mi amigo y no entro en consideraciones de que es campeón mundial o de su palmarés deportivo. Para mí es el mismo chaval que cuando éramos rivales en amateurs y una de las grandes virtudes de Oscar es su humildad. Es un corredor al que los éxitos no le han cambiado, que siempre ha mantenido la misma forma de ser y el mismo modo de trabajar. Siempre me he arreglado muy bien con él y normalmente hacíamos habitación juntos, aunque en Rabobank tenían la táctica de cambiarnos de habitación, más que nada por el idioma, para que no hablásemos tanto en castellano y hablásemos en inglés que era el idioma que utilizaba normalmente el equipo, y por ello nos iban alternando. Tengo miles de experiencias con él y momentos buenos muchísimos.

Por ejemplo, sus despistes, ¿no?
PH: Sí, y somos bastante parecidos jeje. A Oscar lo que le gusta es desconectar bastante del ciclismo. O sea, es ciclista pero no las 24 horas del día, él es ciclista desde que se pone el culotte hasta que se lo quita y el resto del día es una persona normal y corriente. Y trata de disfrutar de la vida y de su tiempo libre todo lo que puede. Sus temas de conversación son otros, no siempre el ciclismo, y como yo soy un poco parecido hicimos buenas migas en ese sentido.

Durante 7 años, además de trabajar de lo lindo para tus compañeros, sumaste muescas en tu casillero particular. Había que aprovechar las pocas oportunidades en las que te daban vía libre, ¿verdad?
PH: Sí, ya te digo jeje. Sobre todo en los años que estuve con Oscar a partir de Mapei lo que me pedían en el equipo era que compaginase mi calendario con él para ayudarle. Entonces digamos que hacíamos una buena simbiosis y que mis cualidades deportivas era buenas para las suyas, yo solía ser el último hombre para él, trataba de colocarle y cuando podía lanzarle también, y así nos iban bien las cosas. Pero también me insistieron en los equipos en que buscase mis oportunidades, que solían ser en carreras menores o en carreras importantes en las que Freire tuviese algún problema o no tuviese un día bueno. Y yo, consciente de que mis oportunidades eran escasas, lo que trataba era de ser efectivo y aprovecharlas bien. Hubo años en los que tuve muy pocas pero las aproveché muy bien, por ejemplo, en el Tour estuve a punto de ganar una etapa y fue porque se cayó Oscar a falta de 2 kilómetros. Yo frené y vi que con la montonera que había donde se había caído, y a falta de esos 2 kilómetros, ya no podía hacer nada para ayudarle. Seguí adelante, jugué mis bazas y me faltaron 20 metros para ganar aquella etapa. Mi mentalidad era esa, cuando surgía la oportunidad había que aprovecharla porque la siguiente podía tardar mucho tiempo en llegar.

Aquel día en Avranches nos dejaste con la miel en los labios al transmitirnos, con tu mirada atrás, que las fuerzas se acababan. ¿Es esa quizás la mayor espinita de tu trayectoria profesional?
PH: Bueno, sí, en su día lo fue. Y haciendo balance de mis años como profesional sí que tengo esa espina de no haber conseguido ese gran triunfo. La gente encima me decía que estuviera tranquilo, que siguiendo esa línea ya tendría otras oportunidades… pero ese fue el último Tour que hice como corredor, en aquel anduve bien pero por diferentes circunstancias no volví a correrlo. Entonces si que fue la gran espina que tengo como profesional, pero bueno, después haciendo balance de como fueron las cosas tampoco quiero darle demasiada importancia. Al final es un resultado deportivo que a día de hoy sería una victoria más en el palmarés, pero me quedo más con las experiencias y los amigos que he hecho en el mundo del ciclismo. Las victorias son importantes, pero no lo son todo.

Y de todas las conseguidas, ¿es la de la Euskal Bizikleta, por ser en casa, la que te hizo mayor ilusión?
PH: Cada una de las victorias tiene su importancia. La primera por ser la primera la recordaré siempre con especial ilusión. La de la París Niza lo haré por la importancia de la carrera que era y también por las circunstancias, porque aquel día estaba trabajando para Tom Boonen y me tocaba lanzarle el sprint, pero él pinchó a falta de 5 o 6 kilómetros y gracias a ese pinchazo yo tuve mi oportunidad y me salió bien. Y la de la Euskal también fue bonita porque es la carrera de casa, Ermua y Eibar están pegados, es la carrera que yo veía de pequeño y para mí fue como ganar en casa. Quizás esas 3 son las que recuerdo con más ilusión, cada una por un motivo diferente..

Finalizamos, de volver a nacer y a pesar de lo que te pasó, ¿elegirías de nuevo ser ciclista?
PH: Pues no me importaría jeje, y lo digo por lo que contaba antes, yo hago balance de como me han ido las cosas en la vida y estoy satisfecho. Y si repito vida habría cosas que cambiaría, pero no me arrepiento de nada de lo que he hecho y cuando busco recuerdos en mi memoria siempre encuentro cosas positivas, entonces… También es verdad que he estado a punto de morir sobre una bicicleta, pero en la vida estamos expuestos a accidentes y, ya de tener que tenerlo, lo más bonito que tenía para tenerlo era sobre una bici. Pero no me importaría de verdad, de hecho tengo 2 hijos y si a alguno de ellos le da por andar bienvenido, lo que no voy a hacer es empujarle yo a que sea ciclista porque yo quiero que él haga lo que él quiera, pero si a cualquiera de mis 2 hijos le da por la bici trataré de ayudarle en todo lo que pueda.

Crédito: El Pedal de Frodo / Realizada en octubre de 2012 – PH: El Pedal de Frodo

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